Menorca ha sido, desde la prehistoria hasta tiempos muy recientes, lugar de paso de
distintas culturas a causa de su situación estratégica en el centro del
Mediterráneo occidental, que ha propiciado que desde los albores de los tiempos
diferentes pueblos hayan codiciado la isla como puerto de escala y refugio.
Unos y otros dejaron un rico legado histórico en la isla, que hace del
más oriental de los territorios de la Baleares una tierra con un relevante
patrimonio.
Es por ello que historiadores y arqueólogos han considerado que Menorca
constituye un auténtico museo al aire libre.
Tanto su prehistoria como la historia son tan intensas que parecen impropias de un
territorio de tan reducidas dimensiones
Se ha constatado la presencia humana en Menorca a principios de la Edad del Bronce
(2000 aC), momento que recibe el nombre de periodo pretalayótico y que nos ha
dejado importantes monumentos funerarios como los sepulcros megalíticos, y
las sepulturas colectivas llamadas navetas, la más conocida de ellas es
la Naveta des Tudons, así como pequeños poblados formados por
habitaciones absidales.
Hacia el 1400 aC el proceso evolutivo de esta cultura produce unas grandes
construcciones en piedra conocidas como talayots, palabra que da nombre al periodo
más rico de la prehistoria isleña, el talayótico.
En este momento tienen su expansión grandes poblados como Trepucó, Torre
d'en Galmés o Son Catlar, todos con un singular monumento de culto llamado
taula; y las características necrópolis constituidas por decenas de
cuevas excavadas artificialmente en los acantilados de la costa como Calascovas o Cala
Morell.
La cultura autóctona, basada fundamentalmente en las construcciones
ciclópeas, pronto recibió importantes influencias externas provinientes de
pueblos comerciales en expansión como los cartagineses, establecidos por otro lado en Ibiza, que se hacen notar sobre todo en la introducción de nuevos utensilios y adornos.
Finalmente, en el año 123 a C se produce la conquista romana que traerá
consigo la transformación de los poblados talayóticos y la preponderancia
de tres ciudades junto a importantes puertos: Mago (Maó), Jammo (Ciutadella) i
Sanisera (Sanitja).
Del final de la época romana han quedado las interesantes basílicas
paleocristianas entre las que destacaremos la de Son Bou y la de Fornás de
Torelló que conserva un interesante mosaico. Son del siglo V dC.
Después de esta fecha Menorca vive el momento peor conocido de su historia
hasta que en el año 903 los musulmanes la anexionan al califato de Córdoba.
Encontramos numerosos fragmentos cerámicos de esta época en algunos
poblados talayóticos, pero el poblamiento debió ser muy rural, aunque las
fuentes escritas nos hablan de una rica economía y cultura literaria. Destacan de
esta época los restos del castillo de Santa Águeda en Ferreries,
fortificación islámica que fue derruida en tiempos de Pedro el Ceremonioso
años después de la conquista de Menorca por la Corona de Aragón.
A partir del año 1287 la isla vive los avatares de la corona de Aragón
y posteriormente del reino de Mallorca. Son los siglos de la fundación de los
pueblos del interior de la isla como Alaior y Ferreries. De esta época merece
la pena visitar la catedral gótica de Ciutadella y pasearse por las calles
del casco antiguo de esta ciudad.
Será durante el siglo XVI cuando Menorca vive los momentos más
trágicos de su historia con las incesantes incursiones piráticas que
producen una gran intestabilidad a sus habitantes y que tendrán su punto
culminante con de destrucción a causa de los ataques turcos de Maó (1535) y
Ciutadella (1558). La isla estuvo a punto de quedar abandonada hasta que Felipe II
tomó la decisión de construir el fuerte de Sant Felipe a la entrada
del Puerto de Maó y algunas de las torres de defensa de la costa como la
de Sant Nicolau en Ciutadella.
En el siglo XVIII Menorca vuelve a verse involucrada en los avatares europeos y,
como consecuencia de la Guerra de Sucesión al trono de España, pasa a manos
inglesas (1713). Durante cien años la isla será inglesa con algunos cortos
periodos de dominio francés y español. Los ingleses reforzaron las defensas
construyendo más torres en la costa, como las que pueden verse en el puerto
de Maó o Fornells, y el Fort Marlborough en la cala de San Esteban.
Los siglos XIX y XX son tan cosmopolitas como los anteriores, el primero a causa de
las continuas arribadas de escuadras extranjeras al puerto de Maó, que durante los
primeros años fue puerto franco. De este siglo son el Lazareto y la Fortaleza de
Isabel II en la Mola, los dos en el Puerto de Maó.
Ambos siglos son testigos de épocas de extrema pobreza y de otras de bonanza
económica gracias a la incipiente industria y al comercio.
El siglo XX se caracterizó por el equilibrio entre los sectores
económicos primario, secundario y terciario, hasta que a partir de los años
ochenta ha sido el turismo el sector con más desarrollo, lo cual ha ocasionado una
ocupación del territorio que ha llegado amenazar la imagen que los mismos turistas
tienen de nuestra isla, y que se ha ido frenando gracias a la declaración de
Reserva de la Biosfera y de la conciencia popular existente por su preservación.
La oferta cultural es amplia y variada en Menorca. Especial atención se
merecen los numerosos poblados y monumentos prehistóricos, repartidos por todo el
territorio insular: la Naveta des Tudons, Torralba den Salord, Torre den Gaumés o
Cales Coves, entre muchos otros.
Los museos son numerosos: Museu de la Natura en Ferreries; Museu Diocesà y
Museo Municipal des Bastió de Sa Font en Ciutadella; Museo de Menorca y Museo
Hernández-Sanz en Maó; y el Museo Militar y el Fort de Marlborough en Es
Castell.
Los principales acontecimientos culturales del año son la Semana Internacional
de la Ópera, en Maó; el Festival de Música d'Estiu y los conciertos
de la Capella Davídica en Ciutadella; además de los festivales
internacionales de órgano en Santa María, Maó, y la Catedral,
Ciutadella.
Además, los conciertos de jazz están en auge y cada vez más se
incorporan a la oferta musical de la isla.